Al borde del Alma (Comunidad Terapéutica para Trastorno de Personalidad Límite)
Desde "Creamos 2022"
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Son indiscutibles las consecuencias negativas del Trastorno de Personalidad Límite (TLP o TPL) en la población, así como la necesidad de facilitar su diagnóstico y tratamiento precoz. Este diagnóstico es uno de los tantos trastornos de personalidad que pueden presentar las personas, tanto adultos como adolescentes, y se define como un “patrón persistente y generalizado de inestabilidad e hipersensibilidad en las relaciones interpersonales, inestabilidad en la imagen personal, fluctuaciones extremas del estado de ánimo e impulsividad, que generan angustia y un malestar funcional significativo que afecta las distintas dimensiones de la vida de quienes lo presentan.
Durante varias décadas, este trastorno ha sido estudiado por la comunidad científica, sin embargo, aún existen controversias en cuanto al uso de este diagnóstico en población infanto-juvenil, lo que puede suponer entre otras consecuencias negativas, un abordaje terapéutico tardío en personas que están en riesgo de desarrollarlo (Cailhol, Gicquel & Raynaud, 2018). Es aquí donde radica la importancia de poder realizar diagnósticos tempranos, preventivos e intervenciones que ayuden a disminuir las complicaciones del trastorno en aquellas personas más susceptibles de presentarlos. Esto se debe a que existe evidencia de que la remisión es más elevada si el diagnóstico se realiza durante la adolescencia (Biskin et al., 2011), pudiendo establecerse que el 80% de los adolescentes con TLP sufrirán un trastorno de personalidad en la adultez (Deschamps & Vreugdenhil, 2008). Esto es compatible con lo expuesto por Behn (2022), quien afirma que el TPL tiene un inicio en la adolescencia temprana, con una concentración de síntomas en la adolescencia tardía y adultez temprana, y una disminución de síntomas a medida que pasa el tiempo durante la adultez. Además, es importante destacar que, según el mismo autor, los síntomas más graves del TPL se manifiestan durante la adolescencia, teniendo una mayor actividad suicida y autolesiva que en la adultez; siendo fundamental el diagnóstico precoz, ya que mejoran los resultados de la intervención, disminuyen sus costos y se experimenta una mejora en la calidad de vida de la persona.
De acuerdo con las estadísticas, se estima que la prevalencia del TLP es de un 2% en la población general, llamando la atención que se caracteriza por ser uno de los trastornos con mayor riesgo de fallecimiento por suicidio, entre un 4% y 10%; y por generar un deterioro significativo, teniendo un mayor impacto en el funcionamiento de las personas que otros trastornos de personalidad y que la depresión (Zanarini et al., 2005). En Chile, no existen estadísticas claras sobre la prevalencia de este trastorno, sin embargo, se encontró un estudio realizado por López, Pérez, Troncoso, Saldaña, Bustamante & Jerez (2010) que encuentra que el diagnóstico más frecuente de trastorno de personalidad en personas hospitalizadas en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, entre los años 2006 y 2008, es el trastorno de personalidad límite con un 48% de prevalencia. Por otra parte, Espinosa, Blum & Romero (2009) establecen que el trastorno de personalidad límite es el trastorno de personalidad más frecuente en la población, estimándose un 1 a 2% de la población general, del 11% al 20% en población psiquiátrica, representando un 20% de las personas hospitalizadas, y siendo más frecuente en las mujeres que en varones (3:1). De acuerdo con las cifras no oficiales estimadas por el personal de salud de la Unidad Infanto-juvenil de Salud Mental y Psiquiatría de Los Ángeles, existen aproximadamente 400 niñas, niños y adolescentes que se intervienen en la unidad, de los cuáles 350 cumplen con al menos un criterio de factor de riesgo asociado al TPL (87,5%).
Este trastorno se caracteriza por un patrón generalizado y persistente de inestabilidad emocional e impulsividad, asociado a conductas de riesgo tales como: abuso y dependencia de sustancias psicoactivas, autolesiones, intentos repetidos de suicidio, alteración severa de la identidad, prácticas y conductas sexuales de riesgo, relaciones tormentosas, manipulación, inestabilidad emocional, sentimientos de abandono, depresión, sentimientos crónicos de desesperanza, soledad y vacío, culpa, ansiedad crónica, dependencia de otros y episodios de enfado crónico con frecuentes ataques de ira y agresión a otros (Cailhol et al., 2018). Además, se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar un Trastorno de la Conducta Alimentaria. Es por esta razón que estas personas son usuarias frecuentes de los servicios de psiquiatría y consumen altos niveles de atención médica y recursos (Flores, 2020). Estos pacientes, tienden a utilizar los servicios de salud mental más que los que padecen otras patologías debido a su complejidad, y en concreto, son los mayores frecuentadores (Fernández, 2018). Esto se suma a las complicaciones que surgen de los esfuerzos por intervenir con esta población, donde el Consejo Asesor sobre Asistencia Psiquiátrica y Salud Mental (2006) exponen como principales: la dificultad en el diagnóstico por la presentación clínica inespecífica de los síntomas, la dificultad en la adherencia a los tratamientos, la dificultad en el establecimiento de la relación terapéutica y la complejidad de las comorbilidades asociadas al trastorno. Estas características, sumadas a la falta de capacitación en el área, hacen que muchas veces los equipos tratantes de salud perciban a estos pacientes como de difícil manejo, pudiendo influir en la sensación de sobrecarga del personal de salud mental, constituyéndose como un problema de salud pública importante. Esto concuerda con otros estudios, donde se identifica que los pacientes con TLP generan con mayor intensidad y frecuencia sentimientos negativos en los profesionales de salud que aquellos que no padecen el trastorno, siendo los más comunes, frustración, cansancio, confusión, rechazo y sentimientos de que se está siendo manipulado (Regalado & Gagliesi, 2012). Esta realidad se condice con la vivenciada por los equipos de salud mental de la Unidad Infanto-juvenil de Salud Mental y Psiquiatría del Hospital de Los Ángeles, existiendo la necesidad por parte de los equipos y de la salud pública de buscar nuevas medidas para dar solución a estas problemáticas.
Actualmente, existe evidencia sobre la importancia de identificar de manera temprana a la población susceptible y elaborar planes preventivos desde la niñez que puedan influir de manera positiva en la configuración de la personalidad, siendo posible empezar el abordaje desde que aparecen las manifestaciones premórbidas del trastorno, disminuyendo o evitando el deterioro funcional de quien lo padece (Jiménez, 2016). Es por este motivo que se busca implementar en el Hospital de Los Ángeles un proyecto social que contribuya a mejorar esta situación, pudiendo abaratar costos, disminuir los tiempos de estadía y permanencia de las personas con TLP en los servicios de salud mental y psiquiatría, y disminuir la sobrecarga del personal que atiende a este tipo de población.
2.-Solución propuesta
Dicho proyecto consiste en la creación de una Comunidad Terapéutica “Al Borde Del Alma”, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de los jóvenes y adolescentes que presentan antecedentes, rasgos, características y/o manifestaciones premórbidas del trastorno. De acuerdo con Cailhol et al., 2008, la psicoeducación y los grupos de autoayuda pueden proporcionar alternativas valiosas a un menor costo, mejorando las expectativas y pronóstico de los jóvenes y adolescentes diagnosticados o con sospecha de TLP.
Los beneficiarios directos de esta iniciativa serían, principalmente mujeres, adolescentes entre 15 y 17 años, que son usuarias de la Unidad Infanto-Juvenil de salud mental y psiquiatría del Hospital de Los Ángeles, que se encuentran en evaluación y/o tratamiento por sospecha de Trastorno de Personalidad Límite, y cuentan con al menos uno de los siguientes riesgos y/o complicaciones asociadas a éste:
a.-Consumo problemático de sustancias como alcohol u otras drogas.
b.-Depresión, aburrimiento y/o sensación de vacío crónico.
c.-Trastorno de la conducta alimentaria.
d.-Trastorno de ansiedad.
e.-Conductas autolíticas, pensamientos y/o conductas suicidas.
f.-Haber estado hospitalizado veces anteriores.
g.-Haberse involucrado en relaciones abusivas y/o violentas, haber sufrido VIF o algún otro tipo de vulneración producto de relaciones conflictivas con otros.
h.-Haber tenido problemas con la justicia asociado a conductas impulsivas y/o antisociales/oposicionistas.
Al mismo tiempo, que se verían beneficiados indirectamente, sus familiares y equipos de salud mental de los dispositivos donde se atienden estos pacientes, principalmente, la Unidad Infanto-juvenil de salud mental y psiquiatría del Hospital de Los Ángeles.
Esta iniciativa se desarrollaría para un estimado de 30 jóvenes y adolescentes pertenecientes a los distintos módulos de la Unidad. Estos jóvenes serían guiados por profesionales de salud externos al dispositivo, en un proceso de intervención integral de aproximadamente 15 sesiones de 2 horas cada uno, con talleres terapéuticos de modalidad grupal (8 a 10 participantes por grupo), que presenten un espacio de contención, acompañamiento e intervención de los jóvenes y adolescentes, con el objetivo de mejorar su calidad de vida, salud y sensación de bienestar.
Este proyecto tiene () etapas, que incluyen planificación, ejecución o implementación y seguimiento. La planificación comprende la articulación con la red para la derivación de los casos desde los distintos módulos de la unidad y la preparación de los talleres de acuerdo con las necesidades e intereses de los/as beneficiarios/as. A esto le sigue la etapa de implementación y ejecución donde se realizarán actividades de conocimiento grupal, entrevista y evaluación individual de los casos, la realización de los talleres y actividades de cierre y seguimiento que corresponden a encuestas y entrevistas de evolución de los casos, y la derivación correspondiente a los servicios que los/as beneficiarios/as requieran, incluidos grupos de voluntarios que trabajan distintas temáticas de interés común.
La modalidad de los talleres sería teórico-práctica con cuatro etapas, una primera de evaluación inicial donde se midan los indicadores de logro asociado a los factores de riesgo que se están trabajando; una segunda de psicoeducación y concientización de los síntomas, características, rasgos o manifestaciones del trastorno; una tercera, donde se realice una actividad terapéutica de intervención y tratamiento del concepto trabajado en la etapa anterior; y finalmente, una cuarta donde se reevalúen los cambios logrados durante el desarrollo de la sesión. Dicha intervención incluirá estrategias de arteterapia, ergoterapia, medicinas naturales y alternativas, desarrollándose actividades sencillas, de interés de los usuarios y con potencial terapéutico, esperando tener un impacto positivo en la gestión y regulación de sus emociones e impulsividad, disminución de conductas de riesgo y aumento de los factores protectores y/o herramientas para su autocuidado y protección ante amenazas, peligros o situaciones de riesgo.
Este proyecto tendría un impacto positivo en el Objetivo de Desarrollo Sostenible N°3: “ODS 3: “Salud y Bienestar”, al contribuir directamente en el aumento de la cobertura sanitaria, facilitando el acceso a servicios de salud esenciales de calidad, seguros, eficaces y asequibles para la población más afectada, al mismo tiempo, que contribuiría a reducir la mortalidad prematura por conductas de riesgo que pueden llevar a la muerte como el consumo de sustancias y el suicidio, al mismo tiempo que se estarían promoviendo acciones de autocuidado, protección y bienestar para personas usuarias de servicios de salud mental de nuestra comuna.
