autor desconocido•hace 5 años Cuando leí la convocatoria del programa Creamos 2021 me vi motivado por la premisa “proyectos de impacto construidos desde la innovación social”. Al momento de la postulación me encontraba también participando de un concurso de innovación social organizado por un organismo anexo a mi universidad, y, aunque en esa instancia mi proyecto resultó ganador, me sentí muy incómodo respecto a algunas nociones de lo “social” que formaban parte de los modelos de trabajo.Entré en este programa de INJUV con la esperanza de encontrar algo nuevo, con expectativas construidas sobre el excelente marketing que ha posicionado al INJUV como una de esas instituciones “diferentes”, que flexibilizan y entregan oportunidades donde otros no.Para ser justo, creo que hay elementos que dan cuenta de que ésta no es solo una fachada, y que realmente hacen un esfuerzo por incidir positivamente, pero, probablemente por las trabas propias de lo público y por los sesgos naturales de ciertos entornos, acabé encontrando en el programa algunos elementos que sustentan mi desilusión.Mi primera gran crítica surge en torno a las concepciones de liderazgo local, y la articulación de comunidades para el cambio social. Me parece que fue en el primero de los conversatorios. Una joven activista que había sido electa concejala hablaba sobre su experiencia en el liderazgo de movimientos sociales, y de cómo con esfuerzo había alcanzado sus logros. No desmerezco en ninguna forma lo que ha hecho y logrado, pero tras su exposición se hallaban algunas claves complejas que -para mí- representan una severa limitación de nuestra mirada hacia el cambio social.En cuenta resumida, la exposición giró en torno a cómo los cambios se articularon a partir de la organización y acción de personas en torno a una idea. De lo colectivo y lo militante, del activismo como gran medio -podría decirse-.Es cierto que la experiencia parece favorecer a esta perspectiva, que ha sido validada por los propios resultados, pero deja un vacío notable respecto a cómo esta noción se representa en contextos poco favorecidos.¿Qué se requiere para organizar un grupo o colectivo? ¿Qué se necesita para tomar la ruta del activismo? ¿Qué implica la militancia pública o privada?Probablemente las respuestas a esas preguntas apuntarán siempre hacia el acceso a oportunidades y a asumir posiciones dentro de escenarios desiguales.Sin rodeos, plantear al activismo o al liderazgo social tradicional -sin cuestionarlos- como un precursor inherente al cambio social, es enaltecer y reproducir condiciones de privilegio. Creo que no nos sería difícil pensar en al menos un par de condiciones que le facilitarían a una persona el situarse como activista o tomar posiciones de liderazgo tradicional. Las desigualdades existen, y no se encuentra entre las facultades de una institución como INJUV el hacerlas desaparecer. No obstante, han pasado ya unas dos décadas (si es que no estoy muy perdido en las fechas) desde que se comenzó a trabajar con conceptos como el capital social de puente y escalera, nociones incorporadas por organismos como la CEPAL, en consciencia de cómo las desigualdades repercuten en el acceso a oportunidades de cambio.Siendo INJUV un organismo que se caracteriza por hacer las cosas de forma diferente, esperaba ver algo más respecto a estos temas. Un trabajo más sistemático y explícito, porque, digámoslo, un hándicap según territorio “prioritario” para la evaluación no está ni cerca de ser una propuesta seria.En este concurso se hablaba sobre cambio social desde la innovación social, y creo que todos quienes participamos identificamos en nuestros diagnósticos algún problema que podemos situar como consecuencia de situaciones de inequidad. Entonces, ¿Cómo proponernos atender a problemas surgidos de la inequidad, si adoptamos modelos que la reproducen?Creo que es una paradoja dolorosa. Se suma a la observación que realicé alguna vez sobre el modelo de innovación social adoptado por otro organismo “Si los mejores formuladores y ejecutares de proyectos de innovación social son quienes tienen formación profesional, es que nuestro modelo de innovación social es muy poco innovador”.Debo reconocer que estos temas son realmente complejos en su abordaje, y que no está dentro de las capacidades de un organizador el hacerse cargo de todos, pero, al menos, hubiese valorado una intencionalidad más explícita (dentro de lo que alcancé a conocer, puede que sucediera en otras regiones).Reconozco también que esta crítica surge desde mi posición profesional privilegiada, y, por ello, no es el detonante de mi renuncia a la segunda etapa, pues, cuanto menos, debo otorgar el beneficio de la duda en favor del desconocimiento o la imposibilidad de los organizadores de hacerse cargo.Mi principal razón para no participar llegó cuando leí las bases administrativas para la postulación final: uno de los dos cupos de financiamiento originalmente asignados a la Región de O’Higgins (donde participo) había sido reasignado a la Región del Maule.Las primeras bases presentadas hablaban de una distribución de recursos en base a caracterización demográfica, participación electoral y participación en el programa Creamos 2020, ahora, las bases para la etapa final presentan un cambio que responde a otras razones.Debo referir una experiencia personal: cuando -hace 7 años- debí decidir dónde estudiar la carrera que quería, no podía hacerlo dentro de mi región porque en ella no había ninguna universidad de “prestigio”. Así que me fui a estudiar a la Universidad de Talca, en la Región del Maule.Hasta hace muy poco (y dando un juicio favorable sobre la Universidad de O’Higgins) en mi región no había ninguna universidad contribuyendo adecuadamente a la formación profesional y el desarrollo local, mientras que en la Región del Maule hay instituciones con décadas de trayectoria. Y dicen que reasignaron el cupo... ¿En función de las puntuaciones de los proyectos presentados? ¿Porque en la Región del Maule se presentaron más y mejores proyectos?Váyanse a la #%$%.Les he dejado clara mi posición crítica respecto al cuestionamiento de privilegios, y siento que esto es restregarme en la cara una situación tremendamente injusta. Validándola absolutamente a través de sus criterios.Soy psicólogo con mención en psicología social y de las comunidades, con experiencia en formulación de proyectos, habiéndome, previamente, adjudicado fondos públicos. ¿Y esperan que compita por el único cupo que asignaron a mi región? ¿Qué compita con jóvenes cuyas ideas podrían ser mucho mejores que la mía, pero que parten en una notoria posición de desventaja?Éticamente debo dar un paso al costado. No puedo formar parte de un espectáculo de circo así.Me voy con la certeza de que en INJUV trabajan personas maravillosas, que entre los participantes de este programa hay jóvenes con un espíritu esperanzador, con ideales que contribuirán a muchos cambios positivos. Pero es necesario que las instituciones trabajen con seriedad.No le echemos la culpa a los números, ningún dato se interpreta a sí mismo, y aquí se tomó una decisión ante la que yo debo expresar mi molestia.Le deseo mucho éxito a todos y cada uno de quienes postularon su idea, porque estoy convencido que detrás hay intenciones muy valorables y que, de una forma u otra, se transformarán en un impacto favorable para sus comunidades.Agradezco también a cada integrante de INJUV con quien tuve contacto, sé que ninguna de estas cosas pasa por sus manos y que hacen lo mejor con los recursos que disponen.Un afectuoso saludo a todos, y ojalá este descargo no sea visto como un simple berrinche. PD: Por si no hubiese quedado suficientemente claro, mi compromiso es con la atención a brechas sociales y territoriales. En ninguna forma pretendo demeritar ninguna acción o iniciativa, entendiendo que cada una surge de la riqueza y valores de sus contextos.Mi crítica esencial es a aspectos de modelo teórico y de trabajo, y, principalmente a la decisión administrativo-política de reasignación de cupos.Habiendo vivido en ambas regiones, tanto en O'Higgins como Maule, y conociendo sus caracterizaciones sociodemográficas, consideraba pertinente la distribución original de 2 proyectos financiados en cada una. Ahora, el que un cupo de una fuera reasignado en favor de la otra, me parece una situación injusta al considerar las diferencias territoriales.Los jóvenes de la Región de O'Higgins tienen menos oportunidades de desarrollarse dentro de su región, lo que -creo- repercutirá en cualquier indicador comparativo -sea cualitativo o cuantitativo- considerado para evaluar este programa. Por ello, y sin demeritar las iniciativas del Maule, la reasignación de un cupo viene a validar y reforzar una realidad que no me parece justa ni equitativa.